martes, 30 de septiembre de 2014

EL MAL LLEVA AL MAL

  Fabiola era una agraciada joven que enviudó prematuramente, anteriormente estuvo casada con un honorable caballero de buena familia, de  profesión  odontólogo, las personas  que lo conocían, lo trataban cariñosamente con el diminutivo de “Dr. Romeritos”.
La rutina diaria de este  joven odontólogo, consistía en acudir muy por  la mañana, a su consultorio,  a tratar las dolencias de sus pacientes.  Ya concluida la jornada de medio tiempo, el jovial galeno, se dedicaba por las tardes  a practicar  el voleibol con   su idolatrada esposa.
Cierto día, por un llamado de urgencia, el Dr. fue  a otra localidad  para hacer  una consulta  externa, se trasladó al sitio  indicado conduciendo  su vehículo, pero por azares del destino, camino de retorno  a su hogar  sufrió un aparatoso volcamiento, muriendo en el acto. La noticia del accidente, se difundió de inmediato  a través de la única  emisora de la localidad. “Ondas del Zamora”, ahí  el locutor de esta  radio, informaba de  la  trágica  muerte de este  profesional.
Doña Fabiola al conocer la  infausta noticia , se trasladó de inmediato  al lugar de los hechos  para confirmar lo escuchado por la radio, ahí  en verdad, encontró el cuerpo exánime  del hombre que tanto la  había amado y respetado.
Después de este trágico suceso, el tiempo transcurrió lentamente y la joven viuda  para poder olvidar los recuerdos de aquel amor que la acongojaba, empezó a practicar diferentes actividades, sobre todo le fascinó  el automovilismo, entonces con el dinero y propiedades heredadas, logró comprar un automóvil  y aprendió a conducir muy bien.
Fue así que en vísperas de la fiesta de independencia de dicha localidad, la asociación de automovilismo denominado “Escudería Loxa”, organizó una competencia automovilística denominada “La vuelta a la ciudad”. Para el efecto, se habían inscrito varios competidores  todos hombres, pero cuando llegó Doña Fabita a inscribirse hubo cierta resistencia. Los organizadores, de tal evento,  no aceptaron su inscripción, por lo que hubo un rechazo general   por parte de la ciudadanía, especialmente  las mujeres protestaron por esta vil discriminación, logrando  finalmente  sea  aceptada en la competencia.
De esta manera fue la única mujer participante en esta lid, esto causó asombro, porque por primera vez, se vería a una mujer piloto conducir un vehículo de carreras. Eran esos tiempos anticuados donde el machismo imperaba y las críticas negativas en contra de  las féminas afloraban  haciendo daño moral, así como también hubieron personas con pensamientos positivos, que apoyaron esta iniciativa. En cierta ocasión una líder de una  agrupación femenina, enojada vociferó: “Vaya  hombres  necios… si también, nosotras las mujeres podemos agarrar bien la palanca,  y otras cosas más”.
Efectivamente el día de la carrera amaneció esplendoroso, con un sol radiante,  incitando a muchas personas a agruparse en los costados de las dos principales avenidas aledañas a los ríos  que circundan   la otrora ciudad “Cajita de fósforos”.
Los bólidos empezaron a calentar sus motores en la línea de partida, ahí  en la Avenida principal, era un ruido ensordecedor que se prolongó por varios minutos, de repente, de  un potente megáfono instalado en lo alto de un poste, se escuchó la voz de  un hombre que impartía las reglas de   la competencia  y fue quien dio la señal de salida agitando la banderola en alto.
El sonido  de los potentes motores  se escuchaba en toda la ciudad, los vehículos   iban  y   venían, y aún no se sabía quién mantenía la  delantera,  así en el primer giro iba William Campoverde tomando la punta, en la otra, despuntaba Marco Tello y en tercer lugar, Doña Fabita, y detrás de ella le seguían varios competidores rezagados, pero a partir de la tercera vuelta  tomó la delantera “ la viudita” , y no se dejaba rebasar, la multitud de curiosos agrupados a  los costados de las vías, la vitoreaban en cada giro que daba.
-¡Ahí viene  el coche de carreras de color blanco de Doña Fabita, viene encendiendo los faros y en estos instantes, pasa a gran velocidad, cerca de nuestra cabina de transmisión…!- Decía emocionado y a grandes voces el locutor de la emisora “Ondas del Z…..”.
Al final de la competencia, la ganadora absoluta fue Doña  Fabita y posteriormente, participó en  otras competencias  y las ganó sin dificultad,   después optó voluntariamente retirarse de las carreras.  Este deporte lo había practicado  como  terapia,  para aplacar  su dolor moral causado por la pérdida de su amado esposo.
Luego de estos sucesos, la “campeona” disfrutó de un tiempo de calma y sosiego para su  atormentada alma, hasta que nuevamente  se  interesó por un  hombre que la cortejaba a diario. Este nuevo pretendiente era un  caballero petulante, que había hecho una pequeña fortuna  estafando y engañando a sus ingenuos clientes, cuando fungía de defensor de oficio en las diferentes Cortes de Justicia. Ostentaba el título de abogado de la República, sin embargo carecía de amigos, era el típico hombre amargado, lleno de complejos de  de inferioridad y traumas adquiridos  de su niñez paupérrima, además de ello su comportamiento negativo le afloraba por todos los poros de su piel, era  jactancioso, egoísta, difamador,   estafador  de la peor ralea, pre juicioso, cínico, criticón e irrespetuoso con las mujeres.
Ocultó y disimuló  muy  bien todos estos sentimientos indignos, a aquella buena mujer por la que, se había encaprichado en conquistar y que finalmente después  de un  corto noviazgo contrajo matrimonio.
Transcurrió el tiempo, ya en la vida conyugal de la pareja, Sebastián Armijos dejó aflorar sus protervos sentimientos, y empezó a dar malos tratos, a insultar, ofender  e incluso a golpear a esa delicada  dama,  a quien embaucó fingiéndole gran amor.
Este infame hombre, también se desempeñaba como asesor de una institución bancaria de la ciudad, todos sus compañeros de labores eludían su presencia, pues conocían  la mordacidad de sus palabras y la crítica negativa que hacía de todo el mundo, actitud  que engendraba un rechazo  notorio, de quienes lo rodeaban.
En varias oportunidades  este Abogado   fue trasladado  a otra sede  bancaria, a una  sucursal de provincia, pero al final, después de algún tiempo de permanencia en este sitio, retornaba a la matriz  principal, a fastidiar, criticar y burlarse de los defectos de la gente.
Doña Fabiola  se sintió frustrada, cuando evidenció que su esposo no era aquella persona buena y generosa  que conoció, por el   contrario descubrió su  verdadera personalidad   y desde ese momento se le amargó la vida y vivió solitaria.
Varias veces trató de persuadirlo, intentando que cambie su comportamiento:       - “Chabaquito,  no critiques ni difames a la  gente y  no seas cruel con tus compañeros; ellos tienen sus defectos, como todos nosotros; además  tampoco tú eres perfecto, ni eres mejor que ellos”-  solía decirle a modo de consejo.
- ¡Cállate vieja bruja….tú no sabes nada, eres una cretina igual a todos los que me rodean, estoy harto de esta gentuza, son unos tontos   e ineptos!- Gritaba irritado y añadía  con aires de grandeza: -“Yo soy el Doctor Armijos y valgo mucho, no debería vivir rodeado de gente mediocre” -terminaba diciendo.
-“Bueno,  allá tú con  tus ínfulas de grandeza, solo te pido que no me sigas amargando  la vida, ni hagas conjeturas maliciosas de mis amistades, pues tus comentarios denigrantes   han llegado, a sus oídos y muchos me han dado la espalda por tus habladurías” -replicó la esposa-, saliendo del cuarto y dejando a solas, a aquel  insolente y arrogante individuo.
El tiempo transcurría paulatinamente, hasta que sucedió lo que tenía que ocurrir,  fue  por consenso general que los empleados de la institución bancaria  y en su mayoría, solicitaron al Gerente, que el abogado Armijos sea removido de su cargo,  de una vez por todas, por que resultaba ser una persona poco grata, por su desmedida actitud negativa. Los empleados se quejaban de las ofensivas palabras   dirigidas solapadamente en su contra , de igual manera las señoritas y señoras empleadas hicieron llegar sus reclamos, por las injurias y falta de respeto a su  dignidad, y  la manera , de cómo se expresaba de  todas las mujeres con el calificativo de  “prostitutas” de la calle , que les agradaba  el sexo y el dinero fácil, ni las ancianas se salvaban de sus injurias  por que todas eran unas viejas zorras que habían fornicado hasta saciarse. Con  sus compañeros de trabajo, el trato era casi igual solía decir que,  todos eran: indios hediondos, maricas, arribistas, incapaces, adulones y  oportunistas,  capaces de vender su dignidad en unas cuantas monedas, por conseguir algún puesto mejor remunerado o algún beneficio particular.
El Gerente acatando el pedido mayoritario de los empleados, separó de la Institución al Asesor Bancario, dictando nuevamente la orden de traslado, por un tiempo prudencial  a otra sucursal de provincia, con el propósito de que cambie su comportamiento.
Habiendo  transcurrido el tiempo y cumplido formalmente la sanción impuesta, nuevamente  el abogado “amargado” retornó   a la Institución, lleno de más odio y rencor.
En cierta ocasión, se efectuó una reunión de todos los compañeros empleados, para festejar el cumpleaños de Carlos Aguirre, antiguo supervisor, de larga trayectoria en la Institución. Se le ofrecieron  congratulaciones, abrazos, discursos y la tradicional torta de cumpleaños, finalmente algunas  copas de licor. Al cabo de un par de  horas, de estar todos reunidos, poco a poco se fueron retirando los presentes, quedando el homenajeado y unos cuantos que les agradaba el licor, incluido el señor abogado, que en esta ocasión había permanecido silencioso, observando con atención, los acontecimientos, pero esbozando en su boca una mueca de disgusto y desprecio .  Se  habían traído más botellas de licor y  se continuó  platicando. De repente alguien, solicitó  que cantara y entonara la guitarra,  el compañero  Byron Humberto, para amenizar ésta reunión y justamente ahora mismo, no  había una guitarra a disposición. Por ello alguien del grupo el más osado, tuvo el atrevimiento de hacer conocer al grupo, que el abogado disponía de una guitarra  “española”, por lo que todos en unísono le solicitaron comedidamente al  compañero asesor les facilite esa “joya española”.
El fulano aludido haciéndose el desentendido, se apartó varios pasos  atrás del grupo y esbozando  en su rostro un gesto de desprecio,    respondió tajante:  -¡Que se han creído  “longos” desgraciados,  yo no les voy a facilitar   mi guitarra, me costó mucho, ` ustedes no son dignos, ni de mirarla siquiera! Concluyó el  individuo.
 En este preciso instante, el ambiente de este lugar se tornó tenso y deprimente,   automáticamente  todos se pusieron de pie y abandonaron  el salón  y se retiraron  a sus  respectivos hogares.

Por su parte, el tonto egoísta y ególatra, se quedó a solas  en el amplio salón,  cavilando por unos instantes  y se sonreía  para sus adentros, luego como que nada le importaba,  levantó  los hombros y abandonó después ese lugar.
Cuenta la gente que en cierta ocasión,   una anciana ciega  intentaba cruzar por una calle  donde  había bastante tráfico, el presumido abogado  no se tomó la molestia de ir en  su ayuda, la miró indiferente   y se encogió de hombros, luego mascullo: ¡allá ella, es su problema!-   después de unos instantes, paso un irresponsable chofer a gran velocidad y arrolló a la infortunada mujer, su cuerpo destrozado quedó en el suelo.  Jamás manifestó  piedad por alguien o exteriorizó sentimientos nobles, siempre estaba deseando el mal de la gente o preconizando fatalidades. Ese odio y desprecio que guardaba en su alma, eran el fruto del maltrato físico y psicológico que sufrió  en su niñez  a manos de su padre alcohólico y el desprecio hacia las mujeres, era  consecuencia de haber soportado a una madre sumisa y  oprimida que  nunca censuró al “castigador” y que, solamente le aconsejaba  con lágrimas en los ojos, que sea obediente y temeroso  Dios.
También en ésta  Institución Bancaria, laboraba Bonifacio Jumbo,  un sencillo trabajador, joven lleno de vida, que a pesar de haber contraído poliomielitis en su infancia y tener baldadas sus extremidades inferiores, se movilizaba con gran agilidad por las oficinas, desempeñando su función de mensajero,  lo hacía  ayudado por unas livianas muletas de aluminio, este  empleado  era de trato afable, comunicativo, amigo de todo el mundo, a mas de ello muy inteligente  y bonachón,  lo contrario del abogado.
Sus compañeros le pusieron el mote de “pilas”, porque era listo  para  hacer las cosas, con buena voluntad  y  siempre con la risa en los labios. Estaba casado con Teresa Gómez, una atractiva mujer, de bonito cuerpo, que en múltiples ocasiones, venía a la institución bancaria a visitarlo,  para  llevarle alguna golosina,  y  a veces,  solía esperarlo hasta la salida del trabajo, para caminar juntos tomados de la mano,  de retorno al hogar.
En contadas  oportunidades,  cuando  la agraciada señora, esperaba en los pasillos a su esposo, fue abordada  por el amargado abogado, quien le hizo propuestas indecentes. Con desfachatez  e ironía , solía decirle:  - Teresa  vamos a un “motel”  sin que se entere el “pilas”, yo te daré dinero el que desees, conmigo  vas sentirse orgullosa, de ser mi amante, pues soy abogado y no soy ordinario , ni vulgar como  aquel “medio hombre” de tu marido.
- ¡Abandónalo a ese inválido inútil, que  no te sirve para nada, “yo” te haría sentir mujer de verdad!-  Estas insinuaciones perversas las manifestaba con  desvergüenza  y humillación  en contra su esposo baldado.
La pobre y sencilla mujer, lo miraba al fulano con profundo rencor,  de sus enormes ojos negros, rodaban lágrimas de ira e impotencia, tan solo se limitó a decirle:
- Escúcheme bien señor abogado, yo jamás abandonaría  a mi esposo, para entregarme a los brazos de  un ser malvado y envilecido, que cree que todas las mujeres son objetos que se pueden comprar con dinero -  ¡Apártese de mi insolente!
El acoso sexual  en contra de esta  dama, continuó por varias ocasiones, aquel Don Juan de quinta  categoría,  persistir en su propósito, y solía decir para sus adentros:-- “ A todas las mujeres les “gusta”, esta se hace la “despreciativa”, ya mismo cae en mis manos, así son   todas igualitas! -
 Fue un  fin de semana, cuando los burócratas, descansan en  sus respectivos hogares, después de haber concluido con la semana laboral. Fue  entre las diez  de la mañana del sábado, en que sonó el timbre de la puerta  de la residencia del Abogado Armijos , éste extrañado por la inesperada llamada, abrió la puerta personalmente, y al pie del   umbral de la puerta se presentó, Bonifacio, aquel  empleado minusválido, que trabajaba en la misma institución bancaria, cortésmente saludo, pero no recibió contestación alguna, solo observó el rostro frío y malévolo de aquel que se había  constituido en su rival.- -¿Que deseas “medio” hombre? -  Le inquirió el abogado. - ¿Acaso vienes a pedir me alguna limosna? - Porque hoy, no doy nada,  mañana sí-  Añadió grosero el fulano-.
Bonifacio  sintió que la sangre le subía a la cara, se llenó de ira, pero dominó sus impulsos, y solo abrió su boca para expresar con firmeza el asunto para el que había ido.
-Señor abogado, vengo a aclarar un asunto, que me tiene intrigado.-
-¡Habla de una vez “zarrapastroso” que no tengo tiempo para estar escuchando tus impertinencias!- Respondió su interlocutor.
- ¡Sabe señor, le solicito de favor, que no sigan acosando a mi esposa, no le haga proposiciones deshonestas.  Usted  es una persona adinerada, y puede fácilmente encontrar mujerzuelas  que se venden por dinero, ella es mi esposa y es lo único bueno que tengo en la vida y la quiero mucho, déjela en paz!-  Concluyo el minusválido.
Como si hubiera sido ofendido en su dignidad el abusador abogadillo, repostó enojado:
- ¡Que te has creído majadero inválido, púdrete  de una vez infeliz, “basura genética”, tu no me puedes prohibir nada!-
Calló un instante y prosiguió amenazante: - ¡Mañana mismo hablo con el Gerente y hago que te pongan de patitas para la calle, ahora vete y déjame en paz ¡  grito altanero.
Casi lanzándole la puerta en las narices, dejó fuera al joven empleado, luego se introdujo en su dormitorio, iracundo, lanzando epítetos y blasfemias en contra del pobre minusválido.
Los hechos, a veces suceden al azar,  en muchas ocasiones el mal que hacemos a nuestros semejantes, se revierten en uno mismo, y con  creces.
El petulante de Don Sebastián  de repente, empezó a sentirse mal de salud,  ese  vigor  y energía que brotaban de su cuerpo sano  y que la utilizaba para vociferar maledicencias,  menguó notablemente, de un tiempo  acá, empezó a tartamudear cuando hablaba y las piernas se le debilitaban  cada día que pasaba, su columna se  desvió hacia adelante  y empezó a caminar  encorvado.  Su estado de salud era lamentable, se hallaba   asustado y preocupado, por ello fue en busca de ayuda médica,   se hizo examinar con  varios  médicos, pero como no acertaron en el diagnóstico, viajó a otras ciudades y consultó a varios  especialistas y  tampoco  lograron  diagnosticarle su mal, ni  sanarlo en lo mas mínimo, su dolencia continuaba y  lo consumía  lentamente.
Desesperado por su estado de salud,  le  solía pedir a su esposa que lo ayude a encontrar la solución a su mal. Ella estaba  impresionada   de ver  a aquel, otrora hombre altanero  y soberbio, convertido en un guiñapo humano, sentía lástima e impotencia para ayudarlo. Pero recordó algo que alguien le comentó hace un  tiempo atrás, “que si los médicos no curaban alguna extraña  dolencia, los brujos o curanderos lo harían”. , Entonces se dirigió donde estaba recostado su esposo  y le dijo: -¿Por qué no vamos donde un brujo para que te trate,  nada perdemos, a lo mejor te sana?-
Aceptando de  mala  gana , fueron  juntos, marido y mujer , como nunca lo habían hecho , tomaron un taxi, que  los condujo a las afueras de la ciudad, Ahí en una humilde casucha encontraron al brujo Quiñones, éste  los hizo pasar al interior de la habitación, pero se notaba en el rostro del curandero un  recelo y  temor  por la imprevista visita , con voz grave  les dijo: “ siéntense por favor , en qué puedo ayudarlos”
-Aquí le traigo una muestra de orina de mi esposo dijo doña Fabita.
-No hace falta- dijo el curandero y prosiguió hablando:  - Su esposo está bien mal, su sola presencia me produce un extraño escalofrió,  veo que tiene siempre a su lado una “sombra negra” que no se aparta de él, ella   es la causante de su mal- Dijo el hombre y añadió:  - ¡Yo no puedo hacer nada  para sanarlo, el único remedio a su mal es arrepentirse de todo el daño que a causado a muchas personas  y orar con mucha fe a Dios, para que lo perdone y sea  él, su salvador - . ¡Ahora váyanse por favor, no quiero que el mal de éste hombre, se quede por aquí!-  Concluyo asustado el curandero.
Y así continuaron pasando las semanas, luego los meses y en esas condiciones deplorables, Don Sebastián, asistía a sus labores en la institución bancaria, con el cuerpo encorvado, tembloroso  y arrastrando los pies, casi caminando en su propio terreno. Se tardaba varias    horas en caminar, desde su hogar  hasta su lugar de trabajo, llegaba  totalmente empapado en sudor y no había persona alguna que lo ayudara, pues conocían de su soberbia, y más aún  éste  hombre  jamás  solicitó ayuda de nadie. Toda su pequeña fortuna, la había gastado en consultas con médicos  especialistas y en tratamientos costosos, se había quedado sin  dinero, por ello no renunciaba a su trabajo.
Ocurrió un día,  en los  pasillos de la institución, que se encontraron frente a frente  los rivales:  Bonifacio y Sebastián, sus ojos se buscaron  mutuamente y ambos se lanzaron una mirada de odio y rencor.
El primero en pronunciar palabras fue, Bonifacio, ahora ya no le temía al señor abogado. Como alegrándose de la situación del fulano le dijo: -¡Así te quise encontrar malvado hombre, justo en mis mismas condiciones!- Tragó saliva y prosiguió: - Siento satisfacción por ello, yo soy lisiado de nacimiento, pero tú en cambio estas así,  mucho peor, por que  te has castigado a ti mismo, por tu forma de ser, cruel, indolente, difamador, orgulloso, altivo e irrespetuoso de la dignidad humana, todas estos sentimientos bajos   han causado un efecto negativo en ti, dejándote casi inutilizado, siempre repartiendo odio y más odio entre la gente.  Solamente le pido a Dios que te perdone por tu forma de ser y que esta enfermedad que te aquejado te sirva para que reflexiones y cambies de actitud con tus semejantes -.concluyó Bonifacio.
Girando lentamente en sus muletas,  el joven Bonifacio dio media vuelta  y se  alejó lentamente de aquel lugar, ahí  en ese sitio quedó como sembrado en el piso, el arrogante Sebastián, estaba agitado, con su rostro crispado de odio  , solo susurro con voz entrecortada una grosería  de siempre –¡Imbécil, basura! ¡que te crees, que vales mucho!-  Luego prosiguió caminando lentamente, encorvado y arrastrando los pies, dando menudísimo pasos, casi por ratos trastabillaba, y parecía que se iba al suelo, y así poco a poco logró traspasar el  amplio pasillo  y  alcanzar la puerta principal con destino a su hogar.
 Mucho tiempo tuvo que soportar, Sebastián vivir en esa deplorable condición, pues su mal se fue agravando, hasta afectarle el cerebro, causándole una incoordinación total de su cuerpo y mente, ya no hablaba,  solo balbuceaba incoherencias.  Fue una noche del mes de Junio,  en el que se celebra “el día de las brujas”, en que inevitablemente falleció, aquejado de  dolorosos espasmos musculares  del cuerpo y   extremidades, que lo hacían  emitir  gritos angustiosos de dolor, quedando  finalmente doblado   su deplorable ser,  casi convertido en una pelota humana.
Su esposa Doña Fabiola, no sufrió por esta infortunada pérdida, como ocurrió en su primer  matrimonio, más bien consideró que se había quitado un enorme peso de encima. De inmediato ordenó que se realicen las exequias fúnebres para su entierro. Pues  hasta en la muerte dio dificultad el difunto, ya que  hubo que cortarle las extremidades y seccionarle parte de la columna para que quepa dentro del ataúd., estaba contraído el cuerpo, brazos y piernas  debido a los fuertes espasmos. Ya dentro del féretro y con la tapa abierta, yacía vencido por la muerte; ahí estaba, en la sala de velaciones,  ante los cientos de ojos de personas que en silencio lo  observaban por última vez, sin antes sentir  temor y lastima.
 Ya en el cementerio sus restos fueron depositados en una bóveda independiente,  apartado de otros difuntos. A las doce de la noche de ese mismo día,  en que sepultaron aquel difunto, el  guardián del panteón contaba a las personas que fueron  de visita, al siguiente día a depositar ofrendas, que de  aquella tumba  solitaria había escuchado ruidos extraños y una horrible carcajada que se desvaneció en la noche. Después de este suceso doña Fabita vendió lo poco que heredó  y desapareció de estas tierras; alguien que la conoció afirmó que la había visto en otra ciudad, vestida de negro, muy avejentada  y que  a diario iba a la iglesia a rogar por el alma de su perverso esposo,  que  en las noches durante el sueño, no cesaba de  atormentarla.
 “El verdadero mal para el hombre no es el que sufre así mismo, sino  el que hace al prójimo”
“El diablo nunca paga bien  a sus siervos”

Sibilino 
Fabricio Ochoa Toledo
                                                                                22 de Diciembre del 2004
FIN

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